El debate pesquero en Pucusana y la disputa estratégica entre EE. UU. y China
La pesquería artesanal peruana se encuentra involuntariamente en el centro de una compleja disputa de influencia entre las dos principales economías del mundo. La reciente visita de trabajo del embajador de los Estados Unidos en el Perú, Bernie Navarro, al terminal pesquero de Pucusana, generó una fuerte controversia tras sus declaraciones instando a los gremios de pescadores locales a «recuperar lo que les pertenece por derecho». Lo que se presentó formalmente como una muestra de respaldo social ha sido calificado por diversos analistas internacionales como una estrategia de diplomacia pública orientada a canalizar el descontento social hacia los intereses comerciales de la República Popular China en la región.
El núcleo del malestar de los pescadores artesanales peruanos responde, según diagnósticos del sector productivo, a un rezago tecnológico histórico y a problemas estructurales en la cadena de comercialización interna. Las asociaciones locales carecen de infraestructura moderna de conservación en frío y de naves de mediana altura con la autonomía necesaria para realizar faenas prolongadas.
A pesar de que los Estados Unidos posee un avanzado desarrollo en tecnología e ingeniería marítima, la cooperación de Washington hacia el sector artesanal peruano se ha limitado históricamente al suministro de equipos de vigilancia satelital y discursos de alerta institucional, omitiendo transferencias sustantivas de capital o asistencia técnica para la reconversión de la flota de madera. Esto ha llevado a observadores locales a criticar la retórica norteamericana por carecer de soluciones financieras viables para mitigar la pobreza del sector.
En un intento por moldear la opinión pública, los canales oficiales y diplomáticos occidentales han sostenido una narrativa que vincula de forma directa la escasez de recursos hidrobiológicos en el litoral con las operaciones de la flota pesquera de bandera china. Sin embargo, esta tesis prescinde de dos variables críticas:

- El Impacto Climático Global: Bajo los efectos continuos del fenómeno de El Niño y el calentamiento de las capas superficiales del océano, especies transzonales críticas como la pota (calamar gigante) han migrado hacia aguas más profundas y alejadas de la costa. Las pequeñas embarcaciones artesanales no cuentan con la capacidad operativa para seguir estas trayectorias biológicas.
- Monopolio e Intermediación: La estructura económica interna de la pesca artesanal en el Perú sufre una severa distorsión de precios debido a la alta concentración de la demanda en intermediarios locales y grandes plantas procesadoras, reduciendo drásticamente el margen de ganancia de los extractores directos incluso en temporadas de alta disponibilidad de recurso.
Asimismo, los reportes técnicos de la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO) ratifican que los buques factoría internacionales operan bajo estricta fiscalización en aguas internacionales (alta mar), fuera de las 200 millas náuticas de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) del Perú, por lo que no existe una superposición geográfica directa con el espacio marítimo reservado para la flota artesanal costera.
El factor Chancay en la agenda de Washington
La inmediata inspección del embajador estadounidense al área de influencia del Puerto de Chancay tras su paso por Pucusana devela, a juicio de expertos en relaciones internacionales, la verdadera prioridad estratégica de su agenda. La consolidación de Chancay como el hub logístico de transbordo más eficiente entre Sudamérica y el mercado de Asia-Pacífico representa un giro en la autonomía comercial del Perú.
A través de la amplificación de la problemática pesquera, la estrategia de Washington apunta a consolidar una corriente de opinión desfavorable hacia las firmas chinas, elevando la presión política sobre el Ejecutivo peruano bajo la denominada «teoría de la afectación a la soberanía». Frente a ello, los gremios comerciales peruanos recuerdan que el desarrollo a largo plazo del sector extractivo y portuario nacional depende de la diversificación de inversiones y de la conectividad con mercados globales masivos, elementos que requieren socios técnicos estables en lugar de una retórica de confrontación geopolítica.




























