El abismo de la desigualdad peruana: exportaciones récord y colapso social
El análisis económico tradicional del Perú sufre históricamente de un problema grave: su incapacidad para medir el bienestar real de las personas más allá de los gráficos y los balances financieros. En ese contexto, el reciente Informe Anual de Resultados 2025 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) —un crudo documento de 86 páginas— se presenta como la radiografía más oportuna sobre las profundas desigualdades que dividen a la sociedad peruana. Este diagnóstico desarma con datos técnicos el discurso oficial del éxito económico al evidenciar una alarmante paradoja. Por un lado, el país registró un sólido crecimiento del 3.3% de su Producto Bruto Interno (PBI) en 2025, aumentó la inversión privada en un 10% y batió su récord histórico de exportaciones al facturar 90,082 millones de dólares. Por otro lado, este éxito financiero convive con cifras preocupantes de desnutrición infantil, abandono en el campo y una delincuencia desatada que golpea directamente a los trabajadores informales.
Desde una perspectiva de equidad y justicia social, las cifras de pobreza expuestas en el documento demuestran que la riqueza no está llegando a todos los sectores y que el mercado laboral quedó muy debilitado tras la crisis sanitaria. La ONU revela que la pobreza afecta directamente a 9.4 millones de peruanos, lo que equivale a casi 3 de cada 10 ciudadanos. Esta cifra representa un retroceso social alarmante frente a los 6.6 millones de personas que estaban en esa situación antes de la pandemia. El impacto de este modelo excluyente se convierte en una verdadera crisis humanitaria al mirar las zonas rurales del país, donde 2 de cada 5 habitantes viven bajo la línea de pobreza y casi un tercio de la población rural se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad, sin redes de apoyo del Estado y expuesta a caer en la indigencia ante cualquier problema climático o subida de precios.

Esta fragilidad social se cruza de forma peligrosa con una crisis de seguridad ciudadana que ha dejado de ser un simple asunto policial para transformarse en una causa de empobrecimiento masivo. Las estadísticas de las Naciones Unidas muestran que las denuncias por extorsión crecieron de forma alarmante, pasando de 3,865 casos en el año 2019 a unas preocupantes 26,585 denuncias al cierre de 2025. Este incremento significa que el accionar del crimen organizado se multiplicó por siete, ensañándose con los micro y pequeños negocios que sostienen el empleo independiente en el país. A esto se suma el aumento en la tasa nacional de homicidios, que se elevó de 7.4 a 10.7 muertes violentas por cada 100,000 habitantes, con picos críticos en regiones como Madre de Dios con 24.6, Callao con 23.6 y Lima Metropolitana con 23.1. El costo económico de esta ola delictiva ha sido calculado por el propio Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en un 1.7% del PBI total, lo que equivale a una pérdida directa de unos 19,800 millones de soles anuales; un dinero devorado por la delincuencia que iguala a todo el presupuesto que el país asigna al sector Educación.
Finalmente, el lado más preocupante de esta desigualdad se observa en el estancamiento de la salud y la alimentación de los niños en las zonas más vulnerables. El informe detalla que el 43.7% de los niños peruanos de entre 6 y 35 meses sufre de anemia, una condición que afecta de forma irreversible el desarrollo cerebral y el futuro del país, concentrándose la mitad de estos casos en el interior rural. Con más del 41% de la población total sufriendo inseguridad alimentaria de moderada a severa, el Perú se ubica como uno de los lugares con mayor riesgo nutricional en América Latina. Estos indicadores representan el punto de partida real que los políticos y candidatos presidenciales deberán asumir en el debate hacia la segunda vuelta electoral, entendiendo de una vez que el verdadero desarrollo nacional no se mide por la cantidad de minerales que se exportan, sino por la erradicación del hambre infantil y el reparto justo de la riqueza del país.




























