Xi Jinping y la Trampa de Tucídides
(*) Excanciller del Perú e Internacionalista. Es reconocido por ser un experto en derecho internacional y un recurrente analista político en medios de comunicación como Exitosa Noticias y Diario Expreso.
Miguel Ángel Rodríguez Mackay
En medio del banquete que Xi Jinping, presidente de China, ofreció en honor de su homólogo estadounidense, Donald Trump, en el imponente Gran Salón del Pueblo, en el lado oeste de la Plaza de Tiananmén -usado para ceremonias oficiales de envergadura-, en el marco de la visita de Estado del mandatario neoyorquino a China, le recordó la denominada “Trampa de Tucídides”, frase acuñada por el politólogo, Graham Allison, que, por primera vez la deslizó en su artículo “La trampa de Tucídides: ¿Se dirigen Estados Unidos y China hacia la guerra?”, publicado en la revista “The Atlantic”, en 2015. Pero ¿Qué es la Trampa de Tucídides?, y, ¿Por qué Xi Jinping, en su ventajosa condición de anfitrión, la trajo a la referida poderosa mesa político diplomática ante su invitado, el magnate presidente republicano, muy bien flanqueado por su séquito de multimillonarios estadounidenses? Veamos. Tucídides (460–396 a.C.), es el afamado historiador griego, autor de la emblemática obra “Historia de la Guerra del Peloponeso” -de obligatoria lectura para los internacionalistas, diplomáticos, militares, y, en general, para todos aquellos que se dedican a estudiar las pugnas por el poder mundial-, que describió la desencadenada guerra entre la poderosa Esparta y la emergente Atenas que buscaba alcanzarla y sobrepasarla. Al final del conflicto (431-404 a.C.), Esparta pudo mantener su poder en la península. Xi, lo que ha dicho a Trump es que, si EE.UU. y China no se esfuerzan, lo que su voluntad, racionalidad e impulsos lo permitan, entonces, los dos perderán, pues habrán caído en la referida trampa, y una guerra los dañará tanto como a la comunidad internacional. El presidente chino tiene razón y se ha valido del realismo político para afirmarlo. La guerra entre Rusia y Ucrania y la de EE.UU. e Israel contra Irán, podrían ser la antesala de una conflagración bélica a escala, donde el complejo asunto de Taiwán, será la causa revestida de pretexto, para desatar la guerra, como la que Esparta y Atenas no supieron o no pudieron evitar. Algo que no se ha dicho, pero yo sí, es que Xi Jinping, recordando la Trampa de Tucídides, está reconociendo a EE.UU. como la superpotencia, y a su propio país, China, como potencia emergente que sigue imparable en su carrera para alcanzar y luego aventajar a la nación norteamericana. La Trampa de Tucídides, correctamente conceptualizada, confirma que no hay guerra fría ni mundo bipolar porque esta calificación solo corresponde a actores en igualdad de condiciones. Es verdad que, cuando Trump baja del avión presidencial, Air Force One, no fue recibido por Xi, distinto a Mao Tsé-Tung que sí lo hizo con Richard Nixon, a su arribo a Pekín, en 1972. Esta realidad confirma que China es la nación más rica del mundo, pero EE.UU., sigue siendo el país más poderoso de la Tierra, y esto último a veces no entiende, pues están olvidando que Xi fue quien invitó a Trump y no al revés. De allí que, no creo como se afirma, que Washington y Beijing estén parejos. La única verdad es que el encuentro ha cerrado, por ahora, el acuerdo de no colisionar, o sea, de no caer en la Trampa de Tucídides.




























