La guerra en Ucrania y la fractura del orden global
A más de cuatro años de su estallido a gran escala, la guerra en Ucrania ha dejado de ser un conflicto territorial localizado para convertirse en el epicentro de una profunda fractura geopolítica contemporánea. Diversos estudios estratégicos y centros de pensamiento internacional coinciden en que la confrontación ha ingresado en una prolongada fase de desgaste militar, marcada por una guerra de posiciones, el uso intensivo de drones, tecnología de guerra electrónica y la consolidación de dos bloques económicos que tensionan la globalización: la arquitectura atlántica de seguridad frente a un eje euroasiático que desafía el régimen de sanciones financieras.
Desde una perspectiva crítica y objetiva, el conflicto no solo ha cobrado un saldo devastador en vidas humanas e infraestructura en el este europeo, sino que ha generado consecuencias estructurales para el Sur Global, reflejadas en la volatilidad de los precios de los hidrocarburos, la redistribución de rutas comerciales de granos y fertilizantes, y el debilitamiento de los consensos multilaterales en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
La postura de Estado del Perú: Soberanía, Carta de la ONU y mediación de paz
Frente a este escenario de polarización global, la política exterior del Perú mantiene una línea de Estado sustentada en los principios tradicionales de su diplomacia: la defensa irrestricta de la soberanía, la integridad territorial de los Estados, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza y la solución pacífica de las controversias internacionales.
En este marco, la presidenta de la República, Keiko Fujimori, formalizó la posición del país mediante una comunicación oficial remitida a los canales diplomáticos pertinentes. La carta presidencial y las directrices de Torre Tagle subrayan los siguientes lineamientos:
- Condena a la vulneración territorial: Reafirmación del respeto a las fronteras internacionalmente reconocidas y apego a los mandatos de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas.
- Llamado a un cese del fuego: Exhortación a las partes en conflicto y a los actores con capacidad de influencia internacional a deponer las hostilidades y establecer corredores humanitarios estables.
- Apoyo a mecanismos de diálogo multilateral: Respaldo a iniciativas diplomáticas pragmáticas que sienten las bases para un acuerdo de paz duradero, garantizando la seguridad regional y la reconstrucción civil.
- Seguridad alimentaria y energética global: Preocupación manifiesta por el impacto económico del conflicto sobre las naciones en desarrollo, instando a mantener expeditas las vías marítimas y comerciales para la exportación de granos y fertilizantes.
El pronunciamiento del Ejecutivo peruano enfatiza que una nación emergente, pacífica y con economía abierta debe abogar en todo momento por un orden internacional basado en reglas claras, donde la diplomacia y el Derecho Internacional prevalezcan sobre la lógica de la fuerza militar.




























