El Taichi también cuenta la historia de China
- Actualidad
Chengzun Pan- 09/07/2026 | 6:12:45 PM
Hoy tuve el honor de ser invitado al Hospital Geriátrico de la Policía Nacional del Perú para ofrecer una charla sobre Taichi y participar como evaluador de los ejercicios básicos que realizaron los oficiales durante el curso de capacitación.
Antes de mi presentación, dos expositores compartieron interesantes reflexiones sobre el concepto del Qi y el pensamiento de Confucio. Mi exposición estuvo centrada en los principios fundamentales del Taichi y en su importancia para la promoción de la salud.

Lo que más satisfacción me produjo fue ver que esta iniciativa ha sido impulsada por mi gran amigo, el coronel Orlando Leiva, exdirector del Hospital Geriátrico de la Policía. Ver a tantos oficiales escuchando con atención y practicando cada movimiento con dedicación me llenó de esperanza.
La difusión de la cultura china fuera de China rara vez ocurre mediante grandes campañas publicitarias. Muchas veces avanza silenciosamente gracias al esfuerzo y la convicción de verdaderos amigos del pueblo chino, personas como Orlando, que durante años han dedicado su tiempo a tender puentes entre ambas culturas.
Orlando ha viajado en varias oportunidades a China para capacitarse y no solo introdujo la acupuntura en los hospitales de la Policía Nacional, sino que también impulsó la incorporación de la Medicina Tradicional China como una terapia alternativa y complementaria oficialmente reconocida dentro del sistema de la salud de gobierno peruano, beneficiando a miles de pacientes.
Al ver todo esto, inevitablemente recordé mis propios comienzos en el Perú.
En 1996 trabajé durante dos años como especialista en acupuntura en el Instituto Peruano de Seguridad Social. Han pasado ya casi treinta años, pero muchos recuerdos siguen tan vivos como si hubieran ocurrido ayer.
En aquella época mis consultas siempre estaban llenas. Muchos pacientes tenían que esperar hasta dos meses de anticipación para conseguir una cita. Mi español todavía era bastante limitado, por lo que muchas historias clínicas las escribía primero en chino y luego, al llegar a casa, las traducía cuidadosamente al español.
Con el tiempo, muchas personas comenzaron a elogiar mi dominio del idioma. Sin embargo, siempre he pensado que aprender una lengua no tiene secretos. Tal vez exista el talento, pero ningún talento reemplaza el esfuerzo. Durante aquellos años llegué a desgastar tres diccionarios estudiando palabra por palabra.
Todos admiran los cinco minutos que uno pasa sobre el escenario, pero muy pocos conocen o comprenden los largos años de trabajo que hay detrás.
En lo personal, siempre he considerado que el Taichi es una de las artes marciales tradicionales más cercanas al camino del cultivo interior.
Cada respiración, cada desplazamiento y cada cambio de paso no consisten simplemente en ejecutar un movimiento correctamente, sino en aprender a escuchar el diálogo entre el cuerpo y la mente.

Muchas personas practican Taichi intentando memorizar una secuencia de movimientos. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es si la postura luce perfecta, sino si el sistema nervioso es capaz de coordinar cada músculo con precisión y si la mente permanece plenamente consciente de cada sensación durante la práctica.
En realidad, aquello que solemos llamar «iluminación» no es algo misterioso. Cuando aprendemos a permanecer plenamente presentes, sintiendo cada respiración, cada movimiento y cada pequeño cambio en nuestro cuerpo, el verdadero kung fu comienza a manifestarse de manera natural.
Quiero agradecer nuevamente a mi amigo Orlando por su invitación y, sobre todo, por tantos años dedicados a promover la Medicina Tradicional China y el Taichi en el Perú.
Con el paso del tiempo he comprendido que contar bien la historia de China no depende únicamente de las palabras. A veces, un movimiento de Taichi, una aguja de acupuntura, un gesto amable o una sonrisa sincera pueden transmitir mucho más que un largo discurso.
Cuando más peruanos conocen China a través de estas experiencias, la cultura china deja de ser algo lejano para convertirse, poco a poco, en parte de sus propias vidas.
Por Chengzun Pan




























